Las zonas grises de la conservación: lo que no siempre se dice (y por qué importa)
- Ana Julia Gómez

- 19 feb
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 20 feb
La conservación atraviesa una paradoja incómoda.
Nunca hubo tanta evidencia científica sobre la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. Nunca hubo tantos compromisos internacionales. Nunca hubo tanta urgencia.
Y sin embargo, en muchos territorios, la conservación genera conflicto, desconfianza o resistencia.
¿Por qué?
Porque la conservación no ocurre en paisajes vacíos. Ocurre en territorios habitados.
Y ahí aparecen las zonas grises.
La Guía para conservar la sociobiodiversidad respetando derechos y equidad es una herramienta práctica diseñada para acompañar procesos de conservación en territorios habitados y socialmente complejos. Parte de una premisa central: no hay conservación efectiva sin legitimidad social, enfoque de derechos y reconocimiento de la diversidad de actores que sostienen los territorios. Integrando biodiversidad, justicia ambiental, equidad y participación significativa, la guía ofrece criterios y herramientas concretas para prevenir impactos no intencionales, fortalecer la gobernanza territorial y diseñar acciones ambientalmente sólidas y socialmente responsables. DESCARGA AQUÍ

Zona gris 1: La ilusión de neutralidad
Se suele asumir que proteger ecosistemas es una decisión “técnica” o “científica”. Pero toda decisión territorial es también política y social.
Cuando se crea un área protegida, se restringe una actividad o se implementa una normativa, alguien se beneficia y alguien asume costos.
Las medidas aparentemente neutras pueden tener impactos desproporcionados sobre quienes dependen más directamente de los recursos naturales, sobre mujeres que sostienen tareas de cuidado invisibilizadas o sobre comunidades que ya viven situaciones de desigualdad estructural.
No mirar esa dimensión no elimina el problema. Lo profundiza.
Zona gris 2: Participación simbólica
En muchos procesos, la participación se limita a informar decisiones ya tomadas.
Eso erosiona legitimidad.
La participación significativa no es convocar a una reunión. Es generar condiciones reales de acceso, incidencia y escucha. Implica ajustar tiempos, lenguajes, formatos y reconocer asimetrías de poder.
Sin participación genuina, la conservación puede volverse una imposición. Y cuando eso ocurre, incluso las mejores iniciativas pierden sostenibilidad en el tiempo.
Zona gris 3: La tensión entre urgencia ecológica y tiempos sociales
La biodiversidad se pierde a un ritmo acelerado. Los plazos y acceso a financiamiento, presionan. Los indicadores demandan resultados.
Pero los procesos sociales requieren confianza, diálogo y tiempo.
Acelerar sin legitimidad puede resolver un indicador biológico y al mismo tiempo, romper relaciones territoriales que tardarán años en reconstruirse.
Esa tensión no se resuelve negándola. Se gestiona con criterio y ¡mucha paciencia!.
Zona gris 4: El desconocimiento de los saberes locales
En distintas regiones del mundo —desde América Latina hasta Asia y Europa— muchas prácticas ancestrales y tradicionales han demostrado ser más sostenibles que ciertas innovaciones impuestas sin comprensión del contexto.
Sin embargo, con frecuencia se las subestima o instrumentaliza o se las "extrae".
Conservar no es reemplazar saberes. Es dialogar con ellos.
La sociobiodiversidad no es solo diversidad biológica: es la red de relaciones entre naturaleza, cultura, identidad y medios de vida.
Zona gris 5: La exposición de quienes defienden territorios
En múltiples regiones, las personas que protegen ecosistemas enfrentan riesgos, amenazas o criminalización.
Hablar de conservación sin hablar de protección de defensoras y defensores ambientales es incompleto.
Cuidar la naturaleza también implica cuidar a quienes la cuidan.
Desafíos regionales y globales
En América Latina, la desigualdad histórica, la conflictividad territorial y la presión extractiva hacen que la legitimidad social sea clave para cualquier iniciativa.
En Europa, la transición ecológica exige integrar patrimonio cultural, gobernanza multinivel y justicia social.
En Estados Unidos, los debates sobre justicia ambiental y derechos civiles atraviesan las políticas de conservación.
En Asia, las tensiones entre desarrollo acelerado y protección ecológica requieren enfoques que integren responsabilidad colectiva y participación de sectores.
El desafío es global: la conservación necesita incorporar justicia ambiental, equidad y enfoque de derechos no como anexos, sino como condiciones estructurales.
Una pregunta necesaria
¿Es posible conservar sin causar daño?
La respuesta no es simple. Pero sí es clara: no hay conservación efectiva sin legitimidad social.
Integrar un enfoque de no causar daño, reconocer impactos diferenciados, diseñar participación real y fortalecer gobernanza territorial. Esto no debilita la conservación, la hace más sólida.
Conservar con justicia no es una postura ideológica. Es una estrategia de sostenibilidad.
Hacia una conservación justa y efectiva
La crisis ambiental es multidimensional. También debe serlo la respuesta.
La conservación del siglo XXI no puede limitarse a métricas biológicas. Debe integrar derechos humanos, equidad, saberes locales y procesos participativos robustos.
No se trata de romantizar comunidades ni de idealizar políticas públicas. Se trata de asumir que la biodiversidad y las personas no están en competencia: están interconectadas.
Y que cuidar la naturaleza cuidando también a las personas, las relaciones y los futuros compartidos no es una consigna poética.
Es una condición para que la conservación funcione.
📚 Referencia
Gómez, A. J. (2025). Guía para conservar la sociobiodiversidad respetando derechos y equidad. Publicación independiente.




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