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Las zonas grises de la conservación: lo que no siempre se dice (y por qué importa)

Actualizado: 20 feb

La conservación atraviesa una paradoja incómoda.

Nunca hubo tanta evidencia científica sobre la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. Nunca hubo tantos compromisos internacionales. Nunca hubo tanta urgencia.

Y sin embargo, en muchos territorios, la conservación genera conflicto, desconfianza o resistencia.

¿Por qué?

Porque la conservación no ocurre en paisajes vacíos. Ocurre en territorios habitados.

Y ahí aparecen las zonas grises.

La Guía para conservar la sociobiodiversidad respetando derechos y equidad es una herramienta práctica diseñada para acompañar procesos de conservación en territorios habitados y socialmente complejos. Parte de una premisa central: no hay conservación efectiva sin legitimidad social, enfoque de derechos y reconocimiento de la diversidad de actores que sostienen los territorios. Integrando biodiversidad, justicia ambiental, equidad y participación significativa, la guía ofrece criterios y herramientas concretas para prevenir impactos no intencionales, fortalecer la gobernanza territorial y diseñar acciones ambientalmente sólidas y socialmente responsables.  DESCARGA AQUÍ 


Zona gris 1: La ilusión de neutralidad

Se suele asumir que proteger ecosistemas es una decisión “técnica” o “científica”. Pero toda decisión territorial es también política y social.

Cuando se crea un área protegida, se restringe una actividad o se implementa una normativa, alguien se beneficia y alguien asume costos.

Las medidas aparentemente neutras pueden tener impactos desproporcionados sobre quienes dependen más directamente de los recursos naturales, sobre mujeres que sostienen tareas de cuidado invisibilizadas o sobre comunidades que ya viven situaciones de desigualdad estructural.

No mirar esa dimensión no elimina el problema. Lo profundiza.


Zona gris 2: Participación simbólica

En muchos procesos, la participación se limita a informar decisiones ya tomadas.

Eso erosiona legitimidad.

La participación significativa no es convocar a una reunión. Es generar condiciones reales de acceso, incidencia y escucha. Implica ajustar tiempos, lenguajes, formatos y reconocer asimetrías de poder.

Sin participación genuina, la conservación puede volverse una imposición. Y cuando eso ocurre, incluso las mejores iniciativas pierden sostenibilidad en el tiempo.


Zona gris 3: La tensión entre urgencia ecológica y tiempos sociales

La biodiversidad se pierde a un ritmo acelerado. Los plazos y acceso a financiamiento, presionan. Los indicadores demandan resultados.

Pero los procesos sociales requieren confianza, diálogo y tiempo.

Acelerar sin legitimidad puede resolver un indicador biológico y al mismo tiempo, romper relaciones territoriales que tardarán años en reconstruirse.

Esa tensión no se resuelve negándola. Se gestiona con criterio y ¡mucha paciencia!.


Zona gris 4: El desconocimiento de los saberes locales

En distintas regiones del mundo —desde América Latina hasta Asia y Europa— muchas prácticas ancestrales y tradicionales han demostrado ser más sostenibles que ciertas innovaciones impuestas sin comprensión del contexto.

Sin embargo, con frecuencia se las subestima o instrumentaliza o se las "extrae".

Conservar no es reemplazar saberes. Es dialogar con ellos.

La sociobiodiversidad no es solo diversidad biológica: es la red de relaciones entre naturaleza, cultura, identidad y medios de vida.


Zona gris 5: La exposición de quienes defienden territorios

En múltiples regiones, las personas que protegen ecosistemas enfrentan riesgos, amenazas o criminalización.

Hablar de conservación sin hablar de protección de defensoras y defensores ambientales es incompleto.

Cuidar la naturaleza también implica cuidar a quienes la cuidan.


Desafíos regionales y globales

En América Latina, la desigualdad histórica, la conflictividad territorial y la presión extractiva hacen que la legitimidad social sea clave para cualquier iniciativa.

En Europa, la transición ecológica exige integrar patrimonio cultural, gobernanza multinivel y justicia social.

En Estados Unidos, los debates sobre justicia ambiental y derechos civiles atraviesan las políticas de conservación.

En Asia, las tensiones entre desarrollo acelerado y protección ecológica requieren enfoques que integren responsabilidad colectiva y participación de sectores.

El desafío es global: la conservación necesita incorporar justicia ambiental, equidad y enfoque de derechos no como anexos, sino como condiciones estructurales.


Una pregunta necesaria

¿Es posible conservar sin causar daño?

La respuesta no es simple. Pero sí es clara: no hay conservación efectiva sin legitimidad social.

Integrar un enfoque de no causar daño, reconocer impactos diferenciados, diseñar participación real y fortalecer gobernanza territorial. Esto no debilita la conservación, la hace más sólida.

Conservar con justicia no es una postura ideológica. Es una estrategia de sostenibilidad.


Hacia una conservación justa y efectiva

La crisis ambiental es multidimensional. También debe serlo la respuesta.

La conservación del siglo XXI no puede limitarse a métricas biológicas. Debe integrar derechos humanos, equidad, saberes locales y procesos participativos robustos.

No se trata de romantizar comunidades ni de idealizar políticas públicas. Se trata de asumir que la biodiversidad y las personas no están en competencia: están interconectadas.

Y que cuidar la naturaleza cuidando también a las personas, las relaciones y los futuros compartidos no es una consigna poética.

Es una condición para que la conservación funcione.


📚 Referencia

Gómez, A. J. (2025). Guía para conservar la sociobiodiversidad respetando derechos y equidad. Publicación independiente.

 
 
 

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